jueves, 6 de junio de 2013

La maternidad de la A a la Z: D de Descubrimiento

Van pasando los días y me doy cuenta de que en la última semana me está costando mucho encontrar huecos para ponerme a escribir, espero que sea algo pasajero y mis energías vuelvan pronto. Sin embargo, la cita de hoy era ineludible y aunque voy más tarde de lo que me gustaría aquí estoy. Va por vosotr@s!!



Esta semanita me pedí la D de Descubrimiento después de darle porrocientasmil vueltas a qué palabra elegir. Tenía más o menos claro el sentimiento que quería expresar pero no la palabra con la que hacerlo y al final me decidí por esta aún a riesgo de no ser la más adecuada.

La RAE nos dice lo siguiente:
descubrimiento.
(De descubrir).
1. m. Hallazgo, encuentro, manifestación de lo que estaba oculto o secreto o era desconocido.
2. m. Encuentro, invención o hallazgo de una tierra o un mar no descubierto o ignorado.
3. m. Territorio, provincia o cosa que se ha reconocido o descubierto.

Esta vez sí que sí, como se suele decir...la primera en la frente!!! La primera acepción da en el clavo de lleno con lo que para mí ha supuesto la maternidad, una manifestación de cosas (léase sentimientos, inquietudes, anhelos e incluso aptitudes y habilidades) que estaban ahí pero dormiditas esperando salir al mundo junto con mi pequeña.

El primer descubrimiento fue el hecho de querer ser madre. Sí, yo era de las que siempre había dicho que quería tener hijos pero es que lo veía taaaan lejano... Cuando nos casamos decidimos que esperaríamos un año y luego ya nos animaríamos a tener familia. Y cuando se acercaba nuestro primer aniversario...qué angustia!! Era pensar en quedarme embarazada y sentir vértigo. Era una sensación física, como cuando caes en la Lanzadera del Parque de Atracciones, pues igual. Obviamente sintiéndome así no iba a lanzarme a ser mamá así que mi marido (si hubiera sido por él ya tendríamos un par de churumbeles) esperó pacientemente a que a mí me sonase el reloj biológico. Y de repente un día lo descubrí: quería ser madre. Fue la última noche de nuestras vacaciones de 2011, hablábamos de la hija de unos amigos y lo pensé; esperé que llegase ese vértigo pero no llegaba, y no pegué ojo en toda la noche dándome cuenta de que había llegado el momento. Al día siguiente se lo conté al futuro papá y ahí comenzó la historia.

El proceso de convertirme en mamá, desde intentar quedarme embarazada y que se retrasase por problemas de salud hasta el propio embarazo, me hizo descubrir que soy más fuerte de lo que creía y que, a pesar de venirme abajo a veces con altísimas dosis de drama, al final siempre tiro p'alante y mi positividad gana a mis neuras. También fui consciente de que cuando deseas algo más que ninguna otra cosa en el mundo y centras tus energías en ello no hay nada imposible.

El nacimiento de Alicia fue el descubrimiento, en sentido literal, más hermoso de mi vida: el encuentro con la vida que estaba oculta en mi vientre. La primera mirada, el primer abrazo, las primeras lágrimas de puro amor. El encuentro de una madre y una hija descubriéndose mutuamente.

Desde ese día tengo la suerte de descubrir el mundo de nuevo a través de ella, mirando con asombro lo que le rodea, sorprendiéndose con sonidos y colores que para ella son nuevos. Sonriendo al ver como descubre sus manos y sus pies. Sintiéndolo todo de nuevo como cuando yo era una niña.

Y, por último, me estoy descubriendo a mí misma. Profundamente. A veces suelto esa manida frase de que la maternidad me ha cambiado pero... no será que el ser madre ha hecho que surja mi verdadero yo? Creo sinceramente que todos esos sentimientos e inquietudes que ahora me llenan siempre estuvieron ahí, dormidos, esperando el momento para surgir igual que las flores esperan a la primavera (buff, que cursi me acabo de poner...) y tengo que ir conociéndolos poco a poco para ser fiel a lo que soy, a la mujer en la que me convierto cada día.

Y ahora os dejo, que acabo de descubrir que Ali se ha despertado y quiere jugar con mamá. Hasta la semana que viene. Besos

 

lunes, 3 de junio de 2013

De estreno

Llevo unos días un poco desaparecida por temillas técnicos y eso es lo que os vengo a contar hoy.
En primer lugar...ya tengo logo!!! Se que no es nada del otro mundo pero para mi es significativo.  De entrada porque ya tengo una imagen que identifique a mamadoracacharreadora. En segundo porque lo he hecho yo solita y teniendo en cuenta mis nulos conocimientos en diseño y escasisimos en informatica creo que no es moco de pavo. Y tercero porque es mi tatuaje, lo q lo hace algo especialmente mio. De mi tatu ha habido interpretaciones varias aunque yo siempre he visto una especie de corazon entrelazado y también por eso me pareció una imagen bonita para representar el blog.
La segunda novedad es que ya tenemos página en facebook. Lo sé, lo sé, tengo pendiente poner los botones por aqui para enlazar pero es que estoy organizando cositas nuevas para cambiarle la cara al blog y ya aprovechare. Pero bueno, que si buscais "mamadoracacharreadora" en facebook lo encontrais enseguida...
Y por último, estoy estrenando móvil nuevo que mi amor me ha traído esta misma mañana del "día sin iva". El otro ya estaba muy cascado y ya no me dejaba conectarme a Internet, me echaba de WhatsApp... Una de las primeras cosas que he hecho con el ha sido descargarme la app de Blogger y estrenarla con este post. Que contenta estoy!!!
Bueno, os dejo de momento pero amenazo con volver muy pronto. Besos

sábado, 1 de junio de 2013

Flechazos

Os ha pasado alguna vez que conocéis a alguien y por buena pinta/referencias/palabras que tenga...ainnnnsss, como que no..no hay feeling?? Personalmente me ha ocurrido bastantes veces, personas que por el motivo que sea, de hecho la mayoría de las veces no sabes porqué, no te llegan y te producen como una especie de rechazo inconsciente. En palabras es difícil de explicar pero si habéis tenido la sensación la reconoceréis perfectamente.

Y a veces pasa justo lo contrario, de repente y en el sitio más inesperado te topas con alguien y enseguida surge la chispa. No me refiero al lado romántico del asunto con la idea de ese amor a primera vista; no dudo de su existencia, que seguro que haberlos hailos, pero no lo conozco. Aunque sí esos flechazos que acaban en una bonita amistad.

A veces esa persona empieza a hablar y te reconoces inmediatamente en sus palabras. Otras, es tan distinta a ti que te abre una nueva perspectiva al mundo y eso es lo que te atrae. Y hay ocasiones en las que ni siquiera hacen falta muchas palabras (ay! que al final me sale la vena romanticona...) sino que esa conexión trasciende, se puede 'sentir' y es algo tan difícil de explicar como lo que os contaba al principio, pero en el sentido opuesto, en el del buen rollo.

De unos meses a esta parte he tenido la enorme suerte de encontrarme y reencontrarme con amigas maravillosas. Mujeres que, pase lo que pase, ya están unidas a mi historia para siempre. Y con algunas de ellas he sentido esa fuerza que os comentaba, como si el destino nos hubiese cruzado en ese preciso instante por alguna razón. Y poco a poco ese motivo "místico" de unión va adquiriendo un sentido, va tomando forma y convierte esa amistad en pieza clave de tu felicidad.

Me considero muy afortunada por tenerlas en mi vida, sabiendo que puedo contar con ellas y que, cuidando esa amistad con mimo y cariño, seguirá creciendo y afianzándose. Gracias por haber llegado, por estar y por ayudarme a dibujar mi vida con más colores cada día. Simplemente, gracias.

miércoles, 29 de mayo de 2013

La maternidad de la A a la Z: P de papá


Aquí estamos de nuevo con la cita semanal que Vero de Trimadre a los 30 ideó para llevar a cabo entre tod@s una de las iniciativas más chulas de la blogosfera.


Mi palabra de esta semana es PAPÁ. Esto es lo que nos dice la RAE:

papá.
(Del fr. papa).
1. m. coloq. padre (respecto de sus hijos).
 
 Y por referencia...
 
padre.
(Del lat. pater, -tris).
1. m. Varón o macho que ha engendrado.
2. m. Varón o macho, respecto de sus hijos.
3. m. Macho en el ganado destinado a la procreación.
4. m. Cabeza de una descendencia, familia o pueblo.
5. m. U. para referirse a ciertos religiosos y a los sacerdotes.
6. m. Origen, principio.
7. m. Autor de una obra de ingenio, inventor de otra cosa cualquiera.
8. m. Rel. Primera persona de la Santísima Trinidad.
 
Dejando a un lado las implicaciones religiosas (las que me conocéis sabéis que no va conmigo) he de decir que me ha gustado especialmente el sexto significado (uy! ha sonado como El Sexto Sentido; en ocasiones veo...bueno, da igual! jejeje). Origen. principio. Me ha sonado solemne, casi místico. Y es cierto. Mi primer post se tituló "El principio del comienzo" haciendo referencia a mi hija (Alicia, mi Verdad, ya sabéis...) y el origen de ella, obviamente, fuimos su padre y yo.

Para mi el padre es la mitad de la perfección que supone un hijo y, al menos en mi caso, uno de los principales motivos por lo que quieres tenerlos. Porque amas a esa persona tanto que quieres personificar ese amor en algo más grande que vosotros dos; como nos dijo mi hermano el día que nos casamos "aquello que os haga inmortales, vuestra huella en el mundo".

Es un pilar de apoyo permanente, la fuerza para seguir cuando flaqueas y crees que no puedes más, el que siempre sabe mantenerse en un segundo plano porque 'madre no hay más que una' aunque él se merezca el premio al mejor protagonista.

Es el ejemplo, la confianza, el referente para sus hijos. Esa especia de héroe al que admirar sin importarles nada más, porque su papi es el mejor.

Pero mi palabra no era padre, recordáis?? Era papá.
Porque papá es el mismo padre fuerte, líder, jefe de la tribu. Pero es más que eso; es el que juega con sus peques, les lee cuentos y hace el tonto hasta el límite para conseguir una sonrisa. Papá es el padre desde la ternura, la figura de autoridad llena de amor. Padres son los demás, papá es el tuyo.

Y como no podía ser menos tengo que dedicarle este post a los que siento, vivo y pienso como los mejores padres del mundo, el mío y el de mi hija. Ellos son mi inspiración y les quiero con toda el alma. Gracias cariño. Gracias papá.

 

martes, 28 de mayo de 2013

Y entonces llegó ella (el desenlace)

14 de enero, seis y cuarto de la mañana, un frío tremendo y nadie por la calle. Salimos los dos, solos y juntos, tranquilos, y nos montamos en el coche. Emprendimos camino al hospital del que nos separaba casi media hora de trayecto, escuchando música y cogiendo las rotondas con cuidado porque yo veía las estrellas. Las contracciones seguían así que pintaba que la cosa no era broma.

Llegamos al hospital y la sala de espera de urgencias vacía, le explico a la chica de recepción que estoy de cuarenta semanas y con contracciones desde ayer y enseguida me pasa con la matrona. Pobre! Si tenía la marca de las sábanas aún en la cara... Me faltó decirle: -Hola! Qué tal? Vengo a animarte un poquito la guardia!!

Me examinó y el cuello ya estaba borrado pero aún no había dilatado nada, no estaba de parto. Me desinflé un poco, lo reconozco, pensé que la cosa habría avanzado un poco más. Me puso el monitor y en función de lo que viese tomábamos la decisión. Y allí nos quedamos, mi marido, la maquinita, nuestra pelota de tenis y yo. Sí, sí. Habéis leído perfectamente. Pelota de tenis. Mis contracciones venían 'de riñones' y hacer rodar la pelota fuerte masajeando las lumbares me aliviaba cosa fina. Él miraba el impreso del monitor, yo le preguntaba e intentaba mantenerme relajada. Al rato la matrona pasó a recoger el informe, se lo llevó y volvió a aparecer a los pocos minutos:
- Aún no estás de parto pero te vas a poner en nada. Con estas contracciones no te puedo mandar a casa así que te quedas ingresada.
Según salió del box mi chico y yo chocamos las manos en señal de triunfo; primera meta conseguida: no nos habían mandado de vuelta a casa.

Nos subieron a la habitación y mi amor me hizo una preciosa foto junto a la ventana, la última foto con Ali dentro de mi. A pesar del frío era un precioso día de invierno. El sol había salido a recibir a mi pequeña.
Avisamos a nuestros padres y hermanos y gracias al suero que me pusieron (no había desayunado nada y la cena de la noche anterior salió por donde había entrado...) las contracciones aflojaron y me quedé adormilada un rato.

Mis padres y mis suegros llegaron justo para verme, darme un beso y...adiós!! Me bajan a dilatación!! El celador, un encanto, bromeando y charlando conmigo. Y cuando llegamos abajo...Mª Eugenia!! Mi querida Mª Eugenia!! La matrona que había conocido el día que fuimos a visitar el hospital era la que me iba a acompañar. Aquello marchaba muy bien.

Me volvió a colocar el monitor aunque me dio libertad total para levantarme y moverme lo que necesitara, y me confirmó que ya habían avisado a mi ginecólogo de que yo estaba allí. Al rato vino a explorarme de nuevo y la cosa seguía muuuy lenta, además de que las contracciones habían aflojado hasta casi desaparecer. Me puso oxitocina, muy poquita me dijo, para que avance el parto pero no te duela. Me trataba con un cariño y una dulzura que hicieron que estuviese muy cómoda.

Sorprendentemente llevaba mejor el dolor tumbada y con el masaje de la pelotita así que allí seguimos, aunque con la oxitocina sintética dolían mucho más.

Un rato después mi marido me dijo: -Creo que vienen a verte... Y escuché fuera la voz de Miguel Ángel, mi médico. Ya estaba allí y enseguida entró en la sala a ver cómo estaba. Es un encanto de hombre y ese día me transmitió mucha seguridad y calma. Al explorarme de nuevo ya había dilatado 3 cm (mi record!!) pero al tocar la cabeza de la niña peloteaba hacia arriba. El monitor indicaba que Alicia estaba en el límite de la taquicardia así que me explicó las opciones.

Podíamos esperar a ver cómo avanzaba aunque por el tiempo de gestación, volumen de contracciones, etc, era raro que no hubiese dilatado más (al no encajarse la niña no ayudaba). Además él tenía consulta y si la niña hacía "un extraño" vendría enseguida pero posiblemente tuvieran que atenderme de urgencia. Otra opción era hacer cesárea, ya o por la tarde si el parto no avanzaba.

En ningún momento nos presionó. Allí estábamos los cuatro: mi médico, mi matrona, mi marido y yo, y juntos teníamos que tomar la mejor decisión Se limitó a decirnos que si queríamos su opinión, él haría cesárea porque había algo (desproporción, cordón...) que no estaba dejando a la niña bajar y ya se hacía notar en el ritmo de su corazoncito. Nos consta que es muy 'pro-parto' así que si nos decía eso, por algo sería...

No lo dudamos. Decidimos hacer la cesárea lo antes posible para que la peque no sufriera y se programó para una hora después. En aquel momento pedí la epidural pero como el monitor mostraba casi taquicardia, me dijeron que podría perjudicar al bebé y era preferible esperar a justo antes de la intervención. Así que una horita de contracciones de regalo!! (ya sin la oxitocina sintética, eso si...)

Pedimos que me acompañara mi chico en quirófano pero el protocolo del hospital no lo permitía (punto importante a mejorar) y esa fue la pena más grande de aquel momento, que él no estuviera conmigo, agarrando mi mano y viendo como su hija abría los ojos al mundo. El médico le dijo: - Espera en la puerta y en cuanto la oigas llorar la sacamos contigo. Haría el "piel con piel" con su papá. Nos despedimos con un beso y me llevaron a quirófano.

Allí todo el mundo fue muy amable, todos se presentaron, me preguntaron cómo me encontraba y me trataron con mucho cariño. Hablaban conmigo, no entre ellos haciéndome sentir como un mueble. Nada de eso.

En cuanto la anestesia hizo efecto comenzaron y fue increíble. Pensé que no iba a sentir nada pero no fue así. Lo noté todo, sin dolor pero tenía sensibilidad. Y Miguel Ángel me lo iba narrando. Se alegró de que hubiéramos tomado esa decisión porque al abrir el líquido estaba meconial y cuando llegó a Alicia descubrimos el motivo de que no bajara...tres vueltas de cordón en el cuello!! En aquel momento fui consciente de que habíamos tomado la decisión correcta y unos segundos después...Alicia nació. La sentí salir de mi cuerpo, cómo el peso de su cuerpecito salía de dentro de mi. Igual que las almas abandonan el cuerpo en la peli de "Ghost". Simplemente maravilloso.

La oí llorar, giré la cabeza y la vi, medio moradita y lloré de emoción (igual que ahora mismo al recordarlo, no lo puedo evitar). Enseguida la trajeron junto a mi, para que la viera y la besara. No podía parar de decir "mi niña, mi niña!!". Nunca olvidaré su olor, la tibieza de su piel, su suavidad... Ya estaba en el mundo.

La llevaron junto a su padre (su padrazo!!!) y yo, mientras terminaban, caí dormida después de tanta emoción.
De camino a la sala de reanimación vi a mi chico, estaban juntos, y pude coger a mi nena en brazos por primera vez y abrazarla. Dejó de llorar en cuanto la tuve en brazos, sabía que era yo. Y después de una hora en la que me esforcé a tope por mover las piernas (sabía que cuanto antes recuperase la sensibilidad, antes me subirían con ella) llegué a la habitación donde todos me esperaban emocionados y mi niña llorando. La cogí de nuevo, la acurruqué y se agarró a mi pecho buscando alimento y el calor de mamá. Ya era perfecto. Ya estábamos juntas y no importaba nada más.

Te quiero, mi vida. Eres lo mejor que me ha pasado






lunes, 27 de mayo de 2013

Y entonces llegó ella (primera parte)

Quería haber escrito esta entrada días atrás y publicarla durante la Semana del Parto Respetado pero se me ha hecho tarde. Aún así, no quería dejar de hacerla ya que estaba pululando sobre mi cabeza desde que comencé con el blog así que, ahí va.

Mi embarazo había ido estupendamente, ni un sólo sobresalto, ni molestias excesivas y todas las pruebas correctas, lo que tenía que salir negativo era negativo y lo que tenía que salir positivo...pues eso.

La fecha "prevista" para que llegase la peque (qué gracia le hacían a mi marido las siglas...FPP, FUR...todo en clave...jejeje) era el 15 de enero. Aún así había gente que apostaba -hicimos hasta una pseudoporra eligiendo día- que nacería en 2012, o para Reyes...había para todos los gustos.

El caso es que la semana anterior a salir de cuentas, esa semana 40 de embarazo que se hace taaan interminable y en la que vuelves a buscar síntomas que indiquen que el parto viene igual que nueve meses antes buscabas síntomas de si te habrías quedado embarazada aunque la regla no te tocase hasta varios días después, esa semana mi médico estaba un poco 'inquieto' respecto a mi barrigón. Los monitores estaban bien, yo no tenía contracciones más allá de las de Braxton-Hicks (mi chico las rebautizó como de Hichy-hichy, ay! lo que nos reímos...) y aún quedaban día para la FPP. Pero la niña no se encajaba ni yo borraba el cuello y como además era grandota, le daba en la nariz que algo pasaba.

Total, que en la revisión del viernes (la FPP -jeje- era el martes siguiente) me citó para el lunes porque si para esa fecha no me había puesto de parto quería programar para el miércoles. Programar??? En la 40+1?? Por qué????!!!! A lo mejor mi niña tardaba unos días más en estar preparada y no había que forzarla a salir antes!!!

Pasamos toda esa tarde y el sábado rayadísimos, sin entender qué ganábamos ninguno forzando el parto en aquel momento y ya con algo de preocupación sobre si la niña estaría bien o no aunque, por los patadones que daba, yo estaba relativamente tranquila. Además, mi querido esposo había estado resfriado esa semana y a que no sabéis quién se levantó constipadísima el sábado??? Bingo!! La moi!! En aquel momento yo rezaba (es una forma de hablar, que yo de rezar, poco poco) porque se retrasara unos días y me diera tiempo a recuperarme. Pero Alicia tenía otros planes...

La madrugada del sábado al domingo me desperté sobresaltada porque la niña se había movido de una manera rara. Era como tener una batidora descontrolada en la barriga, como si hubiera decidido pegarse el gran baile ahí dentro y darse la vuelta -llevaba muchas semanas ya colocada-. Una vez que pasó el sustillo me volví a dormir ya que la notaba moverse con normalidad, todo estaba bien. Pero a la hora de levantarnos noté que algo había cambiado, esas contracciones no eran las del amigo Hichy-hichy...

No quise decir nada (oh! dios mío! las madres primerizas y sus ataques de histeria con los partos!!!) hasta estar más segura así que le pedí al papi de la criatura unos churritos para desayunar (lo de que el chocolate caliente provocaba el parto sería una leyenda urbana...??) y me dispuse a disfrutar del festín. Durante el desayuno mi cara al llegar las contracciones me delató:
- ¿Qué te pasa? ¿Estás bien? ¿Te duele?
- Mmmm, son contracciones.
- ¿De parto?
- No lo sé (no he parido nunca...), pero son distintas, eso sí

Entre las contracciones, el catarrazo y que era domingo y hacía un frío terrible, me vine al sofá, exactamente al mismo sitio donde estoy sentada escribiendo ahora mismo, a descansar. Habíamos decidido no avisar a la family hasta que ya estuviésemos en el hospital con ingreso, para no alarmar y poder ir nosotros con calma. Así que para pasar el tiempo comencé a whatsappear con mis "mamás-yoga". Ellas me decían que a lo mejor ya había llegado el momento, que estuviese tranquila y que controlase la frecuencia de las contracciones así que me puse a ello. 10 minutos, contracción. 10 minutos, otra. 10 minutos, la tercera. Ay, mi madre! Que son regulares!! Bueno, 10 minutos es mucho así que con calma...

Así pasé el resto del día, controlando el ir y venir de contracciones que se habían clavado en los 10 minutos. Eso yo. Porque mi chico viendo el panorama se dedicó a recoger y limpiar la casa por si teníamos que salir zumbando. A última hora de la tarde hablé con mi querido hermano para contarle como estaba y pedirle que hablase con una amiga suya que es ginecóloga para confirmar si era normal llevar casi 12 horas con contracciones regulares cada 10 minutos. Me dijeron que si, que de hecho podrían desaparecer y luego volver, que era totalmente normal. Bueno, pues nada, a seguir con calma. En cualquier caso habíamos decidido aguantar en casa todo lo que pudiéramos para no llegar al hospital y que nos mandaran de vuelta. Además en casa estaba más relajada y soportaba mejor las molestias.

Pero como a las diez y media de la noche...bruuummm!! Otra "sacudida rara", un rato de contracciones totalmente irregulares y luego, cada 5 minutos. Uff! parece que esto se acerca... Cuando llevaba así cerca de dos hora decidí darme una ducha y marcharnos a Urgencias. Pero la ducha calentita me relajó y las contracciones aflojaron.
- Bueno, pues nada, nos quedamos
- Estás segura??
- Esperamos un ratito y vemos cómo va, vale?
- Ok, como tu quieras.

El pobre se quedó dormido en el sofá mientras yo seguía cual juez de final de atletismo, cronómetro en mano, controlando si mi pequeña se decidía a venir ya o no. A las tres de  la mañana le dije que nos fuéramos a la cama porque aquello parecía no avanzar y él tenía que trabajar al día siguiente. Eso hicimos, pero al estar en la cama mis amigas las contracciones de parto se aceleraron e hicieron más intensas. Así aguanté dos horitas, respirando para controlar el dolor, mirando el reloj entre el miedo y la emoción, comprobando que todo apuntaba a que había llegado el momento, intentando asentar en mi cabeza la idea de que por fin iba a conocer a mi niña, iba a ser madre.

Pasadas las cinco sonó el despertador. Él lo apagó, se dio la vuelta para mirarme y darme un beso y me preguntó:
- Me voy a trabajar??
- No. Vamos a vestirnos y nos vamos al hospital. Parece que ya viene

jueves, 23 de mayo de 2013

La maternidad de la A a la Z: V de Verdad

Hoy me uno por primera vez a este pedazo de carnaval que Trimadre a los 30 empezó hace un par de semanas. Genial idea, Vero! Imposible dejarla pasar...
 
 

Aquí os dejo el significado que le da la RAE (no me gusta nada, una palabra tan bonita y esa definición tan, tan, taaann...)
 
verdad.
(Del lat. verĭtas, -ātis).
1. f. Conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente.
2. f. Conformidad de lo que se dice con lo que se siente o se piensa.
3. f. Propiedad que tiene una cosa de mantenerse siempre la misma sin mutación alguna.
4. f. Juicio o proposición que no se puede negar racionalmente.
5. f. Cualidad de veraz.
6. f. Expresión clara, sin rebozo ni lisonja, con que a alguien se le corrige o reprende.
 
Y he aquí la versión de mamadoracacharreadora:
 
Verdad es el significado del nombre de mi hija Alicia y eso también nos ayudó a decidirlo, era un detalle más que lo hacía perfecto.
 
Y verdad es lo que ella ha traído a mi vida. Puede sonar cursi o empalagosamente poético recurrir a eso de que mi hija le ha dado el sentido a todo (aunque en realidad creo que la mayoría de las madres lo sentimos así en cierto modo) pero sí que me ha hecho volver a las cosas auténticas y encontrarme a mi misma, a quien soy yo de verdad y a luchar por las cosas en las que creo y que me hacen feliz. Porque ahora no es sólo mi felicidad la que está en juego, también la suya.
 
La maternidad le ha dado la vuelta a mi vida, a mis prioridades y me ha hecho volver a lo básico, reencontrarme con mi yo más instintivo y tribal. Lo superficial ha dejado de tener importancia y el centro de todo ha vuelto a lo real, al núcleo, a nuestra familia y a este amor tan inmenso que hemos descubierto con el nacimiento de nuestra pequeña.
 
Os lo prometo, verdad verdadera.