Hay tantas cosas en cuestión de crianza que se han dejado atrás, que eran tan normales en época de nuestros abuelos y que en muchos casos se han perdido... Y cuando te da por recuperarlas reaccionas ante lo efectivas que son y alucinas de cómo has podido pensar en otras 'soluciones' antes cuando lo más sencillo suele ser lo mejor.
Ayer volvíamos Ali y yo de casa de los abuelos y, tal y como le sucede últimamente, cuando nos montamos en el coche por la tarde-noche (por la mañana va feliz, le encanta) llora y llora. Será porque está más cansada o porque no le gusta la oscuridad -he puesto junto a su silla del coche una luz de presencia de colores que le ayuda un poquito- pero el caso es que casi cada vez que volvemos a casa la situación es la misma. Como va en el asiento de atrás y a contramarcha -muy pronto escribiré sobre la seguridad de los niños en el coche- la veo por los espejos y le hablo, pero nada. Aunque esta vez fue distinto. Apagué la radio y comencé a cantarle una nana. Se calmó inmediatamente y poco a poco fue cerrando los ojitos hasta dormirse. Yo desafino cosa mala, pero a la niña no le importó, sólo quería escuchar a mamá. Y el 'soniquete' de la nana, una y otra vez, le ayudó a relajarse.
Dándole vueltas fui consciente de la cantidad de ocasiones en las que sería muy sencillo calmar a un bebé sólo con una canción y, sin embargo, hacemos millones de cosas (dibujos, juguetes, incluso teta...) que no hacen más que desesperarnos porque el peque sigue llora que te llora.
He de reconocer que canto poco aunque alguna vez me ha salvado, recuerdo un día que la dormí paseando con ella en la mochila y cantándole "Cruz de navajas" de Mecano -sólo se me venía esa canción a la cabeza y, total, aún no entiende la letra...-. Y eso me lleva al otro punto: no nos sabemos nanas!! Las mamás de ahora no sabemos qué cantarle a nuestros peques!! Qué fue antes, el huevo o la gallina?? No cantamos porque no nos las sabemos o no nos sabemos ninguna porque no solemos cantar??
Gracias a Feli, en las clases de yoga con los bebés estamos recuperando esta buenísima costumbre y les cantamos a los niños al final de cada clase (caracolito, caracolito...). Así al menos tenemos esas nanas como repertorio. Pero es importante que aprendamos más, que las inventemos -es que no sé cómo generaciones anteriores pudimos dormir con lo de "que viene el coco y te comerá...", que miedo!!- o tarareemos cualquier cosa que se nos ocurra, aunque desafinemos más que Jesulín con el "toda, toda, toda".
La voz de una madre ya es música para nuestros hijos, desde que les llevábamos en el vientre. Y ellos lo prefieren a cualquier otra melodía. Chicas, recuperemos las buenas contumbres y demos el cante!!
PD. Si alguna se sabe alguna nana bonita agradeceremos que la comparta en los comentarios de este post. ;-P
Mujer, mamá, amiga y "cacharreadora" incansable en la web y fuera de ella para descubrir el mundo y a mí misma
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domingo, 12 de mayo de 2013
domingo, 5 de mayo de 2013
Escapada mochilera
Acabamos de volver a casa después de pasar tres días estupendos en nuestra primera escapada familiar solitos. El jefe de la tribu estaba deseoso de campo así que nos decidimos por el Valle del Ambroz, en Cáceres. Se encuentra junto al Jerte y nos ha sorprendido gratamente, el paisaje de robledales y encinas nos ha gustado incluso más que el de los cerezos. Totalmente recomendable.
Todo el que sale de viaje con niños sabe la cantidad de cosas que somos capaces de transportar aunque sólo vayas a pasar fuera un día o dos; empiezo a creer que los "por-si-acaso" son inversamente proporcionales a la edad de los peques... El caso es que además de maleta, mochilas y demás, más de la mitad de nuestro hermosísimo maletero iba ocupado con el carrito de Alicia...por si acaso...jejeje.
Sabíamos que la mochila era imprescindible en este viaje porque pensábamos salir al campo a caminar pero lo que no imaginábamos es que la silla de paseo iba a ser tan prescindible. Os cuento nuestro puente:
De entrada nuestra reserva era en una casa rural, comodísima, bien acondicionada, con unos dueños encantadores y las habitaciones preciosas...en el piso de arriba. Lógico,no? Vas a una casa rural, no a un hotel de 5 estrellas. Además está en un pueblo en el que encontrar una calle lisita o con aceras era misión imposible. Asi que la silla, se ha quedado en el piso de abajo para sentar a la peque durante los desayunos y las cenas (hemos comido fuera) y aún así algunos ratos ha preferido nuestras rodillas a su estupendo vehículo.
El jueves nuestro plan era comer en Hervás y dar un paseo por el pueblo antes de visitar Granadilla por la tarde -pueblo expropiado hace años para hacer un embalse que, finalmente, no lo inundó. Está abandonado y en proceso de restauración. Muy chulo- Os adelanto que sólo usamos la silla en el rato de la comida y después volvió al coche y lo cambiamos por la mochi. De otra forma nos habríamos perdido o al menos no habríamos disfrutado plenamente de la hermosa judería, con sus empinadas cuestas, sus recobecos, el paseo junto al río y la paradita que hicimos en una preciosa tetería. Después, al llegar a Granadilla ni nos lo pensamos y salimos directamente porteando a la peque. La llevaba papá pero nada más empezar el paseo le entró hambre y...buuuaaaa!!! buuuaaa!!! Un llanto desconsolado... Nos sentamos un momento para ponerla al pecho pero ni así se calmaba. Solución? Mamá se pone la mochi, la coloca bajita y continuamos el paseo con la niña enganchada a la teta. Además fue un logro personal, fue la primera vez que conseguí darle el pecho mientras la porteaba fuera de casa.
Siguiendo con los logros personales, la mañana del viernes la dedicamos a una preciosa ruta de senderismo por unas cascadas en el valle del Jerte. Alicia fue con papá y mamá llevaba la mochila con los víveres. Eran 4 kilómetros y estaba calificada como fácil -aunque sobre todo la subida tenía unos tramos no tan sencillos- pero nosotros lo vivimos como una experiencia maravillosa y para recordar. Nuestra primera ruta con nuestra hija, era un sueño cumplido, sobro todo para mi chico. A mitad de la bajada se despertó con hambre (si, si, hasta entonces iba completamente frita) así que otra vez cambio de porteador, teti y a seguir.
La tarde la dedicamos a Plasencia y como tocaba comer y era un sitio 'civilizado' decidimos darle una nueva oportunidad a la silla. Craso error. Comida, en brazos. Paseo, lloriqueando. Calles adoquinadas, escaleras para entrar en la muralla...buff!! Y mi querido esposo diciéndome: "tienes que escribir sobre esto, así puedes hacer la comparativa".
Así que hoy, que hemos pasado por Gredos a ver a unos amigos no ha habido duda, las ruedas se han quedado guardadas. Estábamos en pleno campo así que el paseo también ha sido en modo "mochi+teti+siesta" y de verdad os digo que no sé quién estaba más feliz, si la mamá o la hija. Nuestros amigos también portean a su pequeña de casi ocho meses así que iban las dos tan agustito, primer paseo con nosotras y bajada al río con los papis...están tan guapos con las peques puestas!!!
Ahora estamos aqui, a punto de meternos en la cama y recordando lo bien que lo hemos pasado y 'sacando conclusiones': no es que reniegue de la silla, de hecho estamos contentísimos con la elección que hicimos, pero hemos de reconocer que hay situacíones en la que no es práctica (en realidad es más cómoda para los padres que para los bebés, seguro) y que gracias a los portabebés ergonómicos, la mochila en este caso, tenemos la posibilidad de conocer, ver y disfrutar infinidad de lugares con nuestros hijos y ellos con nosotros, bien pegaditos. Viva el porteo!!
Y vosotros ¿qué habéis hecho este puente? ¿Habéis usado algún portabebé? ¿Qué tal la experiencia? Un beso y buenas noches.
Todo el que sale de viaje con niños sabe la cantidad de cosas que somos capaces de transportar aunque sólo vayas a pasar fuera un día o dos; empiezo a creer que los "por-si-acaso" son inversamente proporcionales a la edad de los peques... El caso es que además de maleta, mochilas y demás, más de la mitad de nuestro hermosísimo maletero iba ocupado con el carrito de Alicia...por si acaso...jejeje.
Sabíamos que la mochila era imprescindible en este viaje porque pensábamos salir al campo a caminar pero lo que no imaginábamos es que la silla de paseo iba a ser tan prescindible. Os cuento nuestro puente:
De entrada nuestra reserva era en una casa rural, comodísima, bien acondicionada, con unos dueños encantadores y las habitaciones preciosas...en el piso de arriba. Lógico,no? Vas a una casa rural, no a un hotel de 5 estrellas. Además está en un pueblo en el que encontrar una calle lisita o con aceras era misión imposible. Asi que la silla, se ha quedado en el piso de abajo para sentar a la peque durante los desayunos y las cenas (hemos comido fuera) y aún así algunos ratos ha preferido nuestras rodillas a su estupendo vehículo.
El jueves nuestro plan era comer en Hervás y dar un paseo por el pueblo antes de visitar Granadilla por la tarde -pueblo expropiado hace años para hacer un embalse que, finalmente, no lo inundó. Está abandonado y en proceso de restauración. Muy chulo- Os adelanto que sólo usamos la silla en el rato de la comida y después volvió al coche y lo cambiamos por la mochi. De otra forma nos habríamos perdido o al menos no habríamos disfrutado plenamente de la hermosa judería, con sus empinadas cuestas, sus recobecos, el paseo junto al río y la paradita que hicimos en una preciosa tetería. Después, al llegar a Granadilla ni nos lo pensamos y salimos directamente porteando a la peque. La llevaba papá pero nada más empezar el paseo le entró hambre y...buuuaaaa!!! buuuaaa!!! Un llanto desconsolado... Nos sentamos un momento para ponerla al pecho pero ni así se calmaba. Solución? Mamá se pone la mochi, la coloca bajita y continuamos el paseo con la niña enganchada a la teta. Además fue un logro personal, fue la primera vez que conseguí darle el pecho mientras la porteaba fuera de casa.
Siguiendo con los logros personales, la mañana del viernes la dedicamos a una preciosa ruta de senderismo por unas cascadas en el valle del Jerte. Alicia fue con papá y mamá llevaba la mochila con los víveres. Eran 4 kilómetros y estaba calificada como fácil -aunque sobre todo la subida tenía unos tramos no tan sencillos- pero nosotros lo vivimos como una experiencia maravillosa y para recordar. Nuestra primera ruta con nuestra hija, era un sueño cumplido, sobro todo para mi chico. A mitad de la bajada se despertó con hambre (si, si, hasta entonces iba completamente frita) así que otra vez cambio de porteador, teti y a seguir.
La tarde la dedicamos a Plasencia y como tocaba comer y era un sitio 'civilizado' decidimos darle una nueva oportunidad a la silla. Craso error. Comida, en brazos. Paseo, lloriqueando. Calles adoquinadas, escaleras para entrar en la muralla...buff!! Y mi querido esposo diciéndome: "tienes que escribir sobre esto, así puedes hacer la comparativa".
Así que hoy, que hemos pasado por Gredos a ver a unos amigos no ha habido duda, las ruedas se han quedado guardadas. Estábamos en pleno campo así que el paseo también ha sido en modo "mochi+teti+siesta" y de verdad os digo que no sé quién estaba más feliz, si la mamá o la hija. Nuestros amigos también portean a su pequeña de casi ocho meses así que iban las dos tan agustito, primer paseo con nosotras y bajada al río con los papis...están tan guapos con las peques puestas!!!
Ahora estamos aqui, a punto de meternos en la cama y recordando lo bien que lo hemos pasado y 'sacando conclusiones': no es que reniegue de la silla, de hecho estamos contentísimos con la elección que hicimos, pero hemos de reconocer que hay situacíones en la que no es práctica (en realidad es más cómoda para los padres que para los bebés, seguro) y que gracias a los portabebés ergonómicos, la mochila en este caso, tenemos la posibilidad de conocer, ver y disfrutar infinidad de lugares con nuestros hijos y ellos con nosotros, bien pegaditos. Viva el porteo!!
Y vosotros ¿qué habéis hecho este puente? ¿Habéis usado algún portabebé? ¿Qué tal la experiencia? Un beso y buenas noches.
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